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Alfa Romeo Brera 2.4 JTDM vs. BMW 123D Coupé vs.Volvo C30 D5: El efecto turbodiésel
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Mira hacia otro lado o estás perdido, porque si te montas en ellos, su efecto turbodiésel te atrapará. Son tres coches potentes, llamativos y desafiantes, tres contendientes tan rápidos como ágiles, tres deportivos con denominación ‘coupe’ que te meterán su gasoil en las venas. ¿Todavía lo dudas?
La evolución experimentada por los motores diésel en la última década salta a la vista. Inyección directa con gestión electrónica, conducto común, culatas con cuatro válvulas por cilindro o inyectores piezoeléctricos son algunos de los elementos que han permitido semejante avance, aunque siempre asociados a una pieza determinante: el turbocompresor. Así pues, los motores turbodiésel no sólo han conseguido destacar tecnológicamente, sino que, además, han acabado dominando el mercado de la automoción a nivel europeo. El secreto del éxito lo encontramos en su excelente relación entre las prestaciones que ofrecen y el consumo que necesitan, todavía hoy inalcanzable en los motores de gasolina. Además, las mecánicas turbodiésel desarrollan un elevado par motor a bajo régimen que aporta una extraordinaria sensación de buena respuesta y poderío al acelerar desde bajas vueltas en cualquier marcha, mientras que los motores atmosféricos de gasolina suelen obligar a jugar más con el cambio a la hora de ganar velocidad con celeridad. Ante semejantes características, hemos querido poner a prueba tres de los modelos deportivos con motor turbodiésel más interesantes del mercado, tres coches con carrocería de tipo cupé y una potencia en torno a 200 CV que suponen una alternativa ejemplar para aquellos que busquen un coche con aire racing y buenas prestaciones, aunque sin prescindir de un consumo moderado en el uso cotidiano. 
De esta forma, los invitados a nuestra prueba son el Alfa Romeo Brera 2.4 JTDm (200 CV), el BMW 123d Coupe (204 CV) y el Volvo C30 D5 (180 CV), modelos que también se ofrecen en otras versiones de gasolina con superior potencia, pero que, sin duda, son capaces de satisfacer a las personas con más exigencias a la hora de afrontar jornadas de conducción de corte eminentemente deportivo.
La historia del Brera nace a partir del concept car presentado por Giugiaro en el Salón de Ginebra de 2002, un impactante ejercicio de estilo que Alfa Romeo decidió llevar a la producción en serie sólo unos años después. El Alfa Brera se comercializa con un motor gasolina 2.2 JTS de 185 CV y un 3.2 JTS V6 de 260 CV, ambos de inyección directa. Y, entre medias, encontramos la versión turbodiésel 2.4 JTDmultijet con 200 CV, todo un acierto a la hora de equilibrar prestaciones y consumo. Su interior nos recibe al más puro estilo cupé, con una configuración 2+2 que tiene unas plazas delanteras muy envolventes y unos asientos traseros con apenas espacio para acomodar niños pequeños. El salpicadero despliega ante el conductor un buen número de mandos al alcance de la mano y un completo cuadro de instrumentos que sitúa el indicador del depósito de combustible, temperatura del agua y manómetro de presión del turbo en la consola central, mientras que el velocímetro, cuentavueltas e indicador del nivel de aceite (digital) se visualizan detrás del volante.
La presentación es realmente atractiva, con un buen ajuste de todos los elementos y el empleo de materiales de agradable tacto en los distintos revestimientos, mientras que el toque deportivo lo aportan las inserciones en aluminio que encontramos repartidas por el interior. Los únicos elementos mejorables me han parecido ciertos remates algo ásperos en las palancas de los intermitentes y los limpiaparabrisas, así como unos persistentes crujidos que emitía el asiento del conductor en nuestra unidad de pruebas. Los adecuados reglajes que ofrece el puesto de conducción permiten encontrar la posición al volante más satisfactoria, con unos asientos delanteros de corte deportivo que resultan cómodos en su forma y mullido, aunque podemos echar en falta una mayor sujeción lateral. Los mandos multifunción del volante se manejan con facilidad y la pantalla monocroma de la instrumentación nos ofrece una abundante información (ordenador de viaje con doble lectura, indicaciones del check-control, audio, teléfono, control de crucero, temperatura exterior, etcétera). Así pues, con todo bajo control, experimentar las cualidades dinámicas del Brera 2.4 JTDm se convierte en toda una delicia para los sentidos. Bajo semejante planta nos encontramos con un coche realmente equilibrado, fácil de conducir y eficaz en carreteras viradas.
No obstante, en Alfa Romeo no han querido realizar un deportivo extremo y el reglaje de suspensiones es más bien firme pero tampoco demasiado duro, consiguiendo así un buen compromiso entre estabilidad y confort. Esto hace que el coche resulte bastante cómodo en el uso cotidiano, aunque también acusa ciertos movimientos de carrocería cuando buscamos sus límites entre las curvas enlazadas de una carretera virada. En cualquier caso, el Brera transmite una elevada sensación de aplomo al ir muy bien agarrado del eje trasero, lo que le lleva a ser ligeramente subvirador en la entrada a las curvas, aunque sigue manteniendo una agilidad de guiado estupenda en líneas generales, ayudado por una dirección realmente rápida (con tan sólo 2,2 vueltas de volante). Su excelente equipo de frenos remata el conjunto, mostrando una potente capacidad de retención, un buen tacto de frenada y adecuada resistencia al trato exigente. Para conseguirlo cuenta con cuatro discos ventilados de generoso tamaño y unas poderosas pinzas monobloque de cuatro pistones mordiendo los delanteros de 330 mm de diámetro. Su motor 2.4 JTDm de cinco cilindros en línea desarrolla un elevado par de 400 Nm a 2.000 rpm y ofrece una patada contundente mientras el manómetro de presión del turbo sitúa la aguja en 1,5 bar. No obstante, la respuesta del turbo parece un poco lenta y acusamos un apreciable retardo (turbolag) desde que pisamos el acelerador hasta que realmente empieza a empujar. También podemos echar en falta una respuesta más brillante a bajo régimen en las primeras marchas (no apreciamos su empuje hasta llegar a 2.000 rpm), aspecto que resta cierto agrado de conducción entre el tráfico urbano. El rápido manejo de su caja manual de seis velocidades permite sacar el máximo partido a las características del motor, pero sus 1.600 kg de peso condicionan en buena medida unas prestaciones que pueden parecer algo discretas para un coche de 200 CV, elevado lastre que también se deja sentir en el consumo del Brera. Similar potencia y un menor peso son determinantes para que el modelo de BMW se mueva con mayor rapidez todavía. 

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