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BARDENAS REALES   berlina   Cadillac   CTS4   LUJO   Navarra   tracción total  

BARDENAS REALES (NAVARRA): POLVO DE LUNA

Autopasión nº 033

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1. Introducción2. Más información3. Buen Yantar4. Cadillac CTS45. Banco de datos

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Un destino solitario, que ha mantenido su pureza gracias a una dieta de aislamiento, de un silencio sólo roto por las bombas. Y un coche fuera de su contexto, el Cadillac CTS4, que tiene tracción total pero es una berlina de cierto lujo. Cualquiera diría que el coche menos indicado para un decorado sobrecogedor... pero hoy había luna, circunstancia ideal para romper el tópico.

Polvo de lunaNos han pedido la puesta de sol en las Bardenas Reales de Navarra. Más que una puesta de sol, yo lo que quería es una buena luna, y no me cabe la menor duda de que Álex Puyol andará no muy lejos en sus pretensiones. Finalmente, después de corretear por este territorio sin carreteras, hemos obtenido la luna. Luna llena, en un camino lleno de polvo. Polvo de luna, por abreviar.
Los ecologistas de otras épocas o, para decirlo mejor, los fundamentalistas del medio ambiente de antaño, reclamaban para el uso común las fincas de la aristocracia, pero yo no he visto bosques mejores, ni parajes más frondosos que aquellos que se mantienen lejos del dominio público. Lo mejor que uno puede hacer si descubre hace cuarenta años los Caños de Meca, es guardar silencio. Pero quienes teníamos que habernos callado no fuimos capaces de hacerlo, y he aquí el resultado. Con el tiempo hemos descubierto que un Parque de Doñana abierto al público estaría hoy lleno de envases vacíos, y no de vida salvaje. Hemos descubierto otras cosas aún de mayor impacto, por ejemplo, que los paraísos dejan de serlo cuando a ellos acceden Eva, Adán y su progenie. El género humano es en el fondo el peor estorbo para la biodiversidad.
Las Bardenas Reales de Navarra es uno de esos lugares que han conseguido preservar su pureza gracias a una dieta de alejamiento, silencio y cierta prohibición. Enclave estratégico durante la Reconquista, el uso de Bardenas fue desde el año 882 una recompensa otorgada por el Reino de Navarra a sus socios en la campaña bélica. Su primer beneficiario fue el Valle del Roncal. A finales de 2000 el territorio del Parque Natural fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Un campo de tiro, donde hacen puntería nuestros aviadores, y otros, parece una cosa bien contraria a la paz que necesitan la cabra autóctona o la lagartija cenicienta para esparcir su semilla de forma equilibrada. Pero ahí los tienen, al lagarto ocelado, la anguila y el barbo, a los diversos anuros, culebras bastardas, tritones jaspeados, doce especies de caracoles, y nada menos que cien especies de pájaros, de todos los colores, habilidades y tamaños. En resumen, un guirigay de seres con el que habría disfrutado a sus anchas el mismísimo Darwin.

Parque Natural de Bardenas Reales de NavarraBardenas Reales de Navarra










¿Por qué están aquí, y en armonía? Están por varios motivos. Primero porque muchos han sido introducidos de forma artificial, buscando que estuvieran cómodos y se integraran sin sobresaltos; lo han hecho, o eso creen los especialistas. Segundo porque las condiciones del terreno y el equilibrio entre fauna y flora lo permiten. Tercero, y más importante, porque casi nadie se toma el esfuerzo de venir hasta aquí para molestar. Hay una razón más, y es que ni siquiera los científicos están completamente al tanto de quién vive aquí. Lo único que se sabe es que en esta zona semi-desértica y olvidada, de muy escaso interés para la industria del turismo o la especulación inmobiliaria, viven cientos de miles de criaturas. Lo hacen a sus anchas, entre verdaderas ensaladas de tiros y zambombazos. Tal vez el secreto esté precisamente ahí, en que el galápago leproso y compañía sobreviven a pesar de todo ese ruido. El territorio es tan vasto, que hay sitio para todo y para todos. Para senderistas arriesgados, ciclistas de desarrollo largo y automovilistas que sean capaces de sellar un pacto consigo mismos y con el escenario.
Hoy no hemos corrido nada. Las normas son muy estrictas en las Bardenas Reales, y al conductor se le pide encarecidamente que circule como máximo a 40 kilómetros por hora. Así es que hoy, nada de derrapajes y nada de andar buscando límites. Los límites los pone el camino, sus agujeros, ocasionales barrizales (divina lluvia a destiempo) y la adherencia precaria del suelo. Cualquiera diría que un Cadillac CTS es el peor medio de transporte imaginable, hoy y aquí. Pero ya verán que no. La tracción total de esta versión CTS4, y sus neumáticos mixtos, operan milagros. No es un contrasentido recorrer estos caminos polvorientos en una berlina de lujo. No es descabellado aprovechar con mesura el confort frente a la dureza extrema de un territorio. Un nuevo caso de economía divina, como sentenciaría sin dudarlo María Martínez, naturalista lúcida donde pueda haberlas.

Sendero compartido


















De las muchas formas que hay para acceder a las Bardenas Reales, nosotros hemos elegido hacerlo por el Oeste, desde la N122 Soria-Tarazona. Dejamos a la derecha la Sierra del Moncayo, al tiempo que contraemos con esos picos azotados por el viento el compromiso de una visita; será más pronto que tarde. Desde Tarazona tomamos la N121 hacia Tudela, capital de alubias, cogollos, espárragos y demás delicias de la huerta navarra.
Pasamos de puntillas por la provincia de Zaragoza y antes de llegar a Navarra nos damos de bruces con pueblos feos, amenazantes, fantasmales. Uno de ellos, y no diremos su nombre, es un verdadero pueblo hecho patíbulo, una plaza vacía que estremece. Salimos pitando de allí, pero poco después cruzamos otro que tampoco anima demasiado: Novallas, se llama. El gran Puyol lo interpreta como una amenaza. Pero pronto llegamos a Tudela, donde parecen haberse congregado todos los camioneros ucranianos del planeta, diligentes y cordiales como hay pocos conductores en el mundo, y donde nos espera un espléndido desayuno vegetal.
Por esos misterios que siempre encierran los mapas, y gracias a los caprichos del software, tardamos bastante en encontrar la NA134, pero finalmente encontramos el camino de Valtierra. Un poco antes de llegar está Arguedas. Más allá, el Alto de Masadas y Caparroso. Cerca de allí tomamos una de las pistas autorizadas que nos conducirá a Nuestra Señora del Yugo y el Embalse del Ferial. Ahí desagua la Acequia de Navarra, que cruza en horizontal El Plano, sector Norte de las Bardenas. Más abajo está La Blanca, que nos limitamos a rodear, ya al final de la jornada. Esta planicie cruda y bombardeada es el núcleo del campo de tiro. Está sembrada de cráteres, dianas, esqueletos de lo que fueron aviones, una pista de aterrizaje fantasmal y todos esos detalles de atrezzo que, junto a un cuartel vigilante, nos dicen: «Esto es un campo de tiro». No traspase la línea. No la traspasamos, claro, y eso que hoy no hay ejercicios.

Más abajo está La Negra, que hoy no hemos tenido tiempo de conocer, lo que nos ha impedido fotografiar un Cadillac polvoriento junto al Santuario de Sancho Abarca, o disfrutar de una vegetación más generosa que en el resto de Bardenas. Estamos en pleno meollo, en uno de los caminos autorizados para circular en coche. Otros lo son sólo para viandantes, ciclistas o vehículos agrícolas. Estos parajes, aparentemente desiertos, tienen sus inquilinos, habitantes pacienzudos y silenciosos que cultivan sus arrozales, sus campos de secano y pastorean sus bestias. El primer contacto con la pista promete. Hay más humedad de la habitual, aquí que casi nunca llueve, y un rastro de polvo persigue nuestro Cadillac, que galopa por la estepa. Pronto tendremos que aminorar y hasta detener la marcha, ante la presencia de un colosal rebaño de ovejas y cabras, un almacén itinerante de leche que más tarde dará lugar a quesos agrestes. «Esto es como la invasión de los hematocritos», alega Puyol, guarecido en una de sus posturas de silencio, mientras enreda en sus cámaras pensando siempre en una buena foto.

Conducción sobre tierra













Llegamos pronto al embalse, un contraste húmedo que recuerda a esas escenas de oasis y espejismos de la ficción. Está más limpio y cuidado que ningún otro almacén de agua, sin duda por la escasez de visitantes, y por lo bien aleccionados que vienen los pocos que vienen. Buscamos desde aquí el camino de la Ermita, con la absoluta seguridad de perdernos, como así sucede. Primero un cruce y una elección: cualquiera diría que vamos camino de la ermita. Un segundo cruce y otra elección. El terreno se complica, con roderas, baches tremendos, torrenteras secas y terreno roto por la alternancia cruel del sol y el agua. Pasamos por un primer cañón, que recuerda al rally de Túnez. Hay cuevas tentadoras y el silencio se rompe por el piar de mil pájaros, el sonido de las cigarras y el batir de la maleza, que surcan en nuestra imaginación cientos de ofidios. Por doquier carrascales, coscojares, tamarices, matorrales sobre el yeso, espartales y saladares, donde la vegetación se esparce a sus anchas, lejos de cualquier insecticida. Es la ventaja que tiene la proximidad de las bombas.
Zona áridaLlevamos apenas veinte kilómetros y el Cadillac está ya irreconocible, cubierto de una capa de polvo finísimo. El mismo polvo que cubre cada milímetro cuadrado de la tapicería o el salpicadero. La senda BTT1 deja de ser transitable. Un barrizal inmenso corta el camino, pero nuestras pesquisas a pie nos indican que hay vida después del lodo. Por suerte sale cruz y decidimos desandar el camino. Circulan historias de aventureros perdidos por aquí, en el silencio sublime de estos arenales. Un mal paso y tendríamos que llamar a una grúa para que nos rescatara… ¿dónde? El navegador dice que estamos en el punto N42º16’21”/O1º28’53”. ¿Les dice algo? A nosotros tampoco, así que nos damos la vuelta. Hay 40.000 hectáreas para perderse. Hemos debido calcular mal el regreso, porque de pronto nos hallamos en un camino sin salida, asomados en un vertiginoso balcón a la planicie. Aquí unas piedras como señales, ahí el homenaje floral a un ciclista caído, al fondo el campo de tiro, y el taller medioambiental que el órgano gestor de la Comunidad de Bardenas tiene a disposición de los grupos organizados. Visto desde aquí tiene el aspecto de un gigantesco circo. Ahora bien, ¿cómo podremos llegar hasta allí? ¿Seremos capaces de desandar lo andado con mejor fortuna?
Seguramente esta vez hemos acertado, porque aparecen indicaciones que nos llevan a Carcastillo. Llegar hasta allí supondría salirnos por el Norte del Parque Natural, pero por el camino aparecen las formaciones de Castildeterra, con su espectacular cabezo, que aparece en todo tipo de imágenes: postales, películas de indios, y anuncios comerciales de toda índole. Menos mal que para rodar imágenes aquí es preciso reunir un montón de permisos: de otro modo, en lugar de asistir hoy a tres o cuatro rodajes, nos habríamos quedado a vivir como figurantes.
Cabezo de CastildeterraUn día el nivel del agua llegó al borde mismo de estos picos puntiagudos y de estas plataformas inestables. Las moles de piedra y los estratos más duros quedan suspendidos sobre distintas capas y consistencias de otros materiales. Da cierto miedo asomarse al borde de estos barrancos; nadie podría asegurarnos que no sea hoy, precisamente hoy, el día en que se rompa el equilibrio… «No temas –tercia Puyol–, que esos pedruscos no se desploman todos los días». Las lluvias, escasas y torrenciales, son la madre de este paisaje, resultado de la erosión de areniscas y arcillas, que se precipitan pendiente abajo, dejando por el camino los materiales más consistentes, en formaciones de caprichosa e inestable estabilidad. De un extremo a otro del calendario hay oscilaciones de temperatura de 50°C. La vegetación es dura pero poco abundante (¿lo ven?... la presencia humana), y crece como puede sobre terrenos de distinta salinidad.
Del Cabezo de Castildeterra nos vamos a rodear el campo de tiro. Es como el decorado de una de esas películas futuristas del Apocalipsis. Nuestro Cadillac parece ya un carro de combate, flor de polvo, sudor y hierro. Nos lleva nuestro tiempo limpiar la carcasa de los faros y los pilotos, esfuerzo imprescindible, porque pronto necesitaremos todas las luces del mundo. La luna llena nos dice adiós y nosotros prometemos volver.

Uno se imagina devorando reptiles y dorando escorpiones a la brasa, pero nada de eso es necesario aquí, pese al silencio imponente y el carácter extremo del paisaje. Con los productos que se producen aquí (un 60 por ciento del suelo está cultivado), con la leche de las vacas, cabras y ovejas que pastan en la región, y sus correspondientes resultados (quesos sabrosos, carnes recias), la supervivencia está asegurada sin necesidad de cazar ni comer ejemplares protegidos que podrían costarnos la cárcel.
Pero hay más. La huerta Navarra está ahí mismo, y Aragón, y Soria. La condición de encrucijada otorga a las Bardenas Reales un interminable repertorio de ventajas, entre otras una gigantesca despensa. Cualquier rumbo es bueno para encontrar un establecimiento agradable y bien surtido. Pero para dar con ese rumbo, aparte brújula, se precisa algo de suerte.
Perdidos en el mapa, desorientados en una maraña de caminos, cuyos secretos sólo se desvelan del todo en los planos de uso militar, hoy el día ha sido duro y corto. En resumen, no hemos comido. Han caído varios litros de agua y bebidas isotónicas, pues dos hombres precavidos valen por cuatro, pero en rigor no hemos llegado a probar bocado durante todo el día. En los momentos más tensos de la jornada se nos pasaban por las mientes -mermados de juiciomanjares suculentos en cualquier restaurante de Tudela, donde cualquier sitio es bueno para reponer energía. Nos valía también Olite, en el extremo Norte, pero también Alfaro, Calahorra, Corella o Cintruénigo, donde el vino de Navarra empieza a rimar con las ensaladas, las parrilladas, el buen aceite o el mejor queso.
Nuestra desazón gástrica, ya entrada la noche y cumplido el rito de fotografiar todo lo que cabe a la luz del sol, y de la luna, ha llevado nuestros huesos hasta Cintruénigo, donde un primitivo hostal de carretera, el Maher, traía grandes recuerdos a Puyol. Alex, que ha estado trabajando estos días para el pabellón español de la Exposición Internacional Zaragoza 2008, sabe que Maher es proveedor de viandas en esa muestra del agua. Bien ilustrado su estómago al respecto, accedo por mi parte a que se ilustre también el mío.
Maher (telf.948 81 11 50) es ahora un pequeño hotel cuidadísimo, confortable y bien situado, en el centro mismo de Cintruénigo. Tiene un restaurante diminuto, reservado a los clientes del hotel, pero el tesón y las credenciales de nuestro fotógrafo nos conceden una mesa. No estamos a tono con el refinamiento del lugar, cubiertos de polvo como aparecemos, pero la cortesía de la casa puede con eso y con mucho más. También la carta, breve y esencialmente navarra, enriquecida con más propuestas del día que referencias por escrito. Las croquetas, deliciosas. El solomillo con salsa de hongos, soberbio. El timbal de huevos fritos con ensalada de temporada, un homenaje. El café, de una calidad inusual, es hoy un preparativo indispensable antes de regresar: es media noche y aún tenemos 500 kilómetros por delante, con sus radares y otras delicias.

Delicias navarrasDelicias navarras

UN LUJO EN EL CAMINO
Cadillac CTS4
















Unos buenos asientos, una suspensión confortable, un habitáculo amplio y un buen climatizador. No hacía falta mucho más para afrontar con éxito esta aventura. Nos habría venido bien una brújula profesional, siempre más resolutiva que un navegador con pantalla táctil o el sencillo indicador de rumbo que trae de serie el Cadillac CTS, pero tampoco podíamos pedir cosas de más, porque esta variante con tracción total del CTS –el Cadillac CTS4– no es, en ningún caso, un todoterreno. Tampoco necesitábamos las prestaciones de un genuino 4X4. Para circular por pistas, a una velocidad máxima de 40 km/h, una tracción medianamente eficaz y unos neumáticos mixtos, parecían suficientes. Sobraban también los grandes frenos autoventilados, cuyos discos delanteros tienen mayor diámetro en esta versión AWD.
Esta unidad añadía algunas opciones, como los acabados en madera (980 €), techo solar Ultraview (1.790 €), sistema de navegación con DVD y pantalla táctil/sonido Bose 5.1 Surround + disco duro HDD (3.280 €) y paquete “Convenience” (2.180 €), que incluye: asientos delanteros calefactados/ventilados, soporte del volante telescópico y reclinable electrónicamente, sistema de acceso sin llave y arranque remoto (sólo con transmisión automática). Unos buenos asientos, decíamos, que en este caso presentan un interesante sistema de ventilación. ¿No es el transporte ideal para una jornada entre lagartos y espartales?

Puesto de conducciónConsola central















Aunque este V6 de inyección directa da la máxima potencia a un régimen inusualmente alto en motores de su tamaño, la verdad es que resulta muy manejable. Incluso a pesar de un cambio de marchas demasiado lento, un Hydra-Matic de seis velocidades que puede operar en modo enteramente automático, o bien por el propio conductor, que puede seleccionar las marchas con la palanca o con las levas que hay en el volante. Las reducciones son algo más rápidas que las escaladas.
En carretera, la suspensión SLA parece demasiado blanda, y la carrocería se inclina en exceso, pero eso no llega a producir la menor falta de precisión en el volante. Este confort de berlina americana europeizada se agradece, en cambio, al circular sobre pistas bacheadas, donde las generosas ruedas de 18 pulgadas y los neumáticos mixtos de 235/50 VR 18 hacen un magnífico trabajo. Eso sí, el perfil del neumático está cerca de ser incompatible con determinados caminos.
La tracción total ha sido un buen aliado en este terreno, aunque es preciso decir que habríamos disfrutado un poco más de esta ventaja con un control de estabilidad algo más permisivo. Junto al resto de artillería electrónica al uso, el CTS4 cuenta como ayuda esencial con el sistema Stabili Trak. No está del todo afinado para conducir con soltura fuera del asfalto, y además no se puede desconectar, como en alguna circunstancia habríamos querido hacer. Sutilezas aparte, el Cadillac CTS4 ha resultado un magnífico compañero de viaje en nuestros zig-zag a través de las estepas mediterráneas de Bardenas. Otro día, con un coche lo más parecido posible a éste, nos iremos a Los Monegros, cuyo paisaje nos resultará familiar… sólo que aún un poco más árido.

Banco de datos 
MarcaCadillac
ModeloCTS4
Motor6 cilindros, 3.564 cc, inyección directa
Potencia máxima300 CV a 6.700 rpm
Par motor366 Nm a 4.000 rpm
TransmisiónTracción total. Cambio automático de seis velocidades
Dimensiones4,87 x 1,84 x 1,47 m
Velocidad máxima225 km/h
0 a 100 km/h6,7 s
Consumo medio11,2 l/100 km
Emisiones CO2267 g/km

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