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1. Introducción
Después de años de malos resultados, Renault da señales reconfortantes. Crecen también Opel y Fiat, con nuevos modelos prometedores, mientras que los japoneses se reafirman en el vértice de la clasificación.
Con la globalización en la industria del automóvil y la proliferación de modelos y versiones, la colaboración entre empresas se ha hecho habitual, con lo que las marcas se intercambian motores y proyectos y comparten los mismos sistemas de producción, que se han situado lejos de las sedes históricas. En resumen, no se puede juzgar un coche por la imagen de la marca, por la etiqueta “made in...” y mucho menos por el precio. Aunque sigue siendo uno de los argumentos de compra más importantes, la belleza del diseño no tiene nada que ver con la calidad de construcción (un coche bonito no tiene por qué ser necesariamente fiable). Por todo ello, dentro de una marca la situación puede ser diferente entre un modelo y otro y, por lo tanto, el juicio sobre los productos de un mismo fabricante puede variar. Basta pensar que, quien compra un coche, sobre todo si es sofisticado y lleno de opciones, se arriesga, durante los primeros meses de producción, a encontrarse con los llamados “defectos de juventud”.
CUATRO REYES MUY DOTADOS
La calidad también es subjetiva. Además de los aspectos mesurables, al juzgar un coche pueden entrar en juego otras características, independientemente de su fiabilidad. He aquí cuatro modelos satisfactorios.
Hay quien piensa que todos los coches van bien y que no hay ninguno que valga más que otro (así se realizan elecciones extrañas o basadas únicamente en el precio). Otros invierten en una marca tradicional y prestigiosa cueste lo que cueste, refugiándose en lo que más confianza les da. Éstas son las dos líneas de acción más difundidas entre los compradores, aunque su elección depende de si el modelo elegido ha cumplido más o menos nuestras expectativas. En la realidad cotidiana, donde el coche no tiene una vida fácil y con un mercado tan saturado, para convencer a los clientes de que compren se sacan modelos a un ritmo frenético.
La presión de los costes (las materias primas han aumentado mucho y la competencia entre marcas llega a todos los segmentos, incluso a los de lujo) y la necesidad de desarrollar un modelo rápidamente para poder aprovechar la moda antes de que se termine, no ayudan precisamente a obtener una alta calidad. Por eso, la dotación de a bordo cada vez más completa y rica por cuestiones de comodidad, de marketing, de normativas de seguridad o anticontaminación, hacen casi inevitable la aparición de algún fallo. Basta pensar en los inconvenientes aparecidos por la introducción del filtro antipartículas en los diésel (DPF).
En este contexto, los cuatro reyes que hemos elegido logran dar satisfacción en distintos aspectos, no solamente en fiabilidad, sino también en su capacidad de responder a los deseos y a las expectativas de sus propietarios, diferentes entre un modelo y otro.
A un Citroën C1 (o a sus gemelos: el Peugeot 107 y el Toyota Aygo) no se le piden prestaciones de primera, conducción deportiva y prestigio. Sin embargo, el pequeño Citroën satisface a sus compradores por su manejabilidad, coste de mantenimiento reducido y, por qué no, también por su silueta traviesa, que tanto gusta a los jóvenes y a las mujeres. La fiabilidad a toda prueba, provinente de los conocimientos de Toyota (que en asociación con el Grupo PSA Peugeot Citroën es responsable de la calidad) constituye, no obstante, una base sólida, junto a las demás razones, para el aprecio de los clientes. Lo mismo se puede decir para el Toyota Yaris, un coche muy moderno con soluciones de construcción que aúnan habitabilidad, seguridad y confort con dimensiones reducidas. Y con consumos reducidos gracias a la adopción de un propulsor de tres cilindros de un solo litro, suficiente para ofrecer prestaciones adecuadas para el tráfico actual y buena comodidad.
No resulta innovador, en cambio, el Ford Focus, que se basa en la esencialidad y en las promociones, que lo hacen muy conveniente. Una elección racional, que tiene como recompensa una funcionalidad de uso que no teme comparaciones con rivales más ilustres y con una fiabilidad sin sorpresas.
Finalmente, en la elección del BMW Serie 3, la racionalidad incide menos: aquí se buscan (y se encuentran) el placer de conducción, altas prestaciones y el prestigio que ofrece un coche de la marca de Munich, prescindiendo del precio. Pero no hay que olvidar que, en su categoría, el Serie 3 está entre los más eficientes en cuanto a consumo, y la fiabilidad tampoco tiene defectos. Y paciencia si los acabados no son tan cuidados como hace un tiempo.
1. Introducción
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