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GIRONA: ESENCIA DEL PASADO
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Conocida como la ciudad de los cuatro ríos, Girona esconde entre sus murallas estrechas calles empedradas, pequeñas plazas porticadas o impresionantes edificios románicos y góticos que han dado lugar a uno de los conjuntos medievales mejor conservados de españa.
Bañada por cuatro ríos, Girona es una ciudad levantada en piedra en la que todavía se puede respirar la esencia del pasado. No en vano, su Barrio Viejo supo interpretar sin demasiado esfuerzo el papel de la villa francesa de Grasse en la película El Perfume, basada en la famosa novela ambientada en el siglo XVIII. Y es que perderse por sus angostas callejuelas empedradas, refugiarse en sus plazas porticadas o pasear por sus murallas es como hacer un viaje a épocas pasadas. Ante este panorama de calles estrechas, sinuosas y empinadas, hay que encontrar el compañero de fatigas ideal para estos lances, y quién mejor que el pequeño Hyundai i10, el nuevo utilitario de la marca coreana.
Una estampa mil veces repetida, la de las casas del río Onyar, nos da la bienvenida a la Girona antigua. Fuente de inspiración para muchos artistas, estas casas de colores amarillos, ocres y anaranjados se pueden contemplar desde los numerosos puentes que cruzan el río. Uno de los mejores momentos para recrearse en esta emblemática imagen es por la tarde, cuando las casas están bañadas por el sol y se reflejan en el agua. Tras cruzar el río, nos adentramos en la ciudad gremial y, por un momento, tengo la sensación de haberme trasladado a la época medieval.
Y es que en esta zona de la ciudad los nombres de las calles y las plazas recuerdan las actividades de los gremios y los mercados medievales que se celebraban en la Plaça del Vi (plaza del Vino), la Plaça de l’Oli (plaza del Aceite), el carrer d’Argenteria (calle de la Platería) o el dels Mercaders (de los Mercaderes). Esta zona, repleta de tiendas, restaurantes y cafeterías, es un buen lugar para llevarse o degustar algunos productos típicos, como el xuixo, la butifarra dulce, la alfarería negra, la artesanía en hierro o los bombones de chocolate inspirados en las numerosas leyendas de la ciudad.
En la Plaça de l’Oli, justo al final del céntrico Carrer dels Ciutadans, nos encontramos con la Fontana d’Or, la mejor muestra del románico civil, que actualmente está habilitada como centro cultural de la Caixa d’Estalvis de Girona.
EL BARRIO JUDÍO
En busca de la catedral, tomamos la calle de la Força, la espina dorsal del call, donde vivió hasta 1492 una reducida comunidad de judíos. Esta encrucijada de calles empedradas, en las que el i10 se mueve con soltura, dibuja uno de los núcleos medievales mejor conservados de Europa y alberga un sinfín de rincones insólitos, como el callejón de Cúndaro o la sinuosa calle de Sant Llorenç, ambas cubiertas con bóveda. Subiendo por esta calle nos encontramos con el Centre Bonastruc ça Porta, la última sinagoga de Girona, que en la actualidad acoge un centro de estudios que sigue la huella hebrea en España, además de una de las colecciones de lápidas más espectacular, junto con otros ejemplos de la cultura judía.
Finalmente, llegamos a la plaza de la Catedral, flanqueada por numerosas casonas propias de la nobleza y por la impresionante escalinata del edificio más emblemático de Girona. Nada menos que tres siglos se necesitaron para dar por concluida esta monumental obra, aunque tanto trabajo le sirvió a la catedral de Santa Maria para convertirse en la nave gótica más ancha del mundo, a pesar de que su fachada y su escalinata son de estilo barroco. Tras subir sus 90 peldaños y recuperar un poco el aliento, uno de los mayores entretenimientos es buscar a la bruja.
Cuenta la leyenda que fue una mujer malvada que arrojaba piedras a todo aquél que se acercara a las procesiones que se celebraban en Girona, hasta que el día del Corpus, cuando estaba a punto de tirar una piedra, una voz retumbó por toda la ciudad: «Si piedras tiras, piedras tirarás y en piedra te convertirás». Aún se la puede ver convertida en gárgola de la girola de la Catedral, al más puro estilo de Notre Dame.
Una vez dentro, en el Museo Catedralicio, es interesante observar el código del Beato, una rica colección de orfebrería medieval y el famoso tapiz de la Creación, una enorme pieza de tela bordada que representa la figura de Cristo Pantocrátor y una serie de escenas de la Creación del mundo. Al otro lado de la catedral se encuentran los baños árabes, una copia de los romanos, que contiene salas para baños fríos, calientes y también baños de vapor.
No muy lejos de aquí se levanta la iglesia de Sant Feliu, donde el románico y el gótico se dan la mano, aunque también se aprecian los estilos barroco y neoclásico. Construida sobre la tumba de Sant Feliu, la iglesia más antigua de Girona acoge en su interior ocho sarcófagos romanos (dos paganos del siglo II y seis cristianos del siglo IV), seguramente la mejor colección de relieve romano de España, tanto por la belleza de las tallas como por la expresividad de las figuras.
Otros ejemplos excepcionales de la arquitectura románica catalana son la iglesia de Sant Nicolau y el monasterio de Sant Pere de Galligants, en cuyas dependencias se encuentra el Museo Arqueológico de Girona, con hallazgos pertenecientes a yacimientos cercanos a la ciudad, como el de Empúries.
Después de subir y bajar por empinadas callejuelas, nada mejor que dar un tranquilo paseo por el valle de Sant Daniel, antiguamente conocido como valle Umbrío por su densa vegetación. Es el lugar adecuado para relajarse y recorrer las antiguas fuentes de Pericot, d’en Fita, dels Lleons o del Bisbe, algunas de las cuales tienen fama de curativas.
UN MIRADOR PRIVILEGIADO
Si quieres tener unas bonitas vistas del valle de Sant Daniel, sube a las torres del paseo de la muralla, un camino de apenas un metro de anchura que envuelve el casco antiguo de Girona. Desde estos miradores privilegiados tendrás una visión inigualable de las estrechas callejuelas del call, de los campanarios, las cúpulas y tejados, además de los jardines que hay escondidos entre caserones y palacios. Desde lo más alto de Girona también se puede divisar al otro lado del río Onyar el gran pulmón verde de la ciudad.
Es el parque de la Devesa, que, con sus 40 hectáreas, tiene el honor de ser el parque urbano más extenso de Cataluña. Los centenarios plátanos de Indias se levantan imponentes y transforman el aspecto del parque a medida que avanzan las estaciones, pasando de los intensos verdes del verano al mosaico de hojas marrones y rojizas propias del otoño. Si te acercas un martes o un sábado por la mañana, te encontrarás el tradicional mercadillo de les Ribes del Ter, y si tienes la ocasión de ir en verano verás cómo el parque se transforma en un lugar de encuentro nocturno, lleno de carpas y terrazas.
Si el tiempo no acompaña, puedes ir a tomar unas copas al barrio viejo, a la calle del Pedret o a las terrazas de la rambla de la Llibertat, que seguro que la animación no falta, pues no hay que olvidar que estamos hablando de una ciudad universitaria. Pero hay algo más que tienes que hacer antes de abandonar esta encantadora ciudad: buscar la estatua de la leona. Y es que hay una famoso refrán que dice que «si no le das un beso al culo de la leona, no vuelves a Girona».

Situada entre el mar y la montaña, Girona posee una cocina rica y variada. De las huertas le llegan tomates, cebollas, berenjenas o calabacines que se convierten en ingredientes indispensables para la elaboración de muchos platos. Como en el resto de Cataluña, los pescados son muy importantes, siendo típicos en la zona el rape, la merluza, las doradas o las lubinas.
También es habitual encontrar en las cartas de los restaurantes tradicionales platos que mezclan marisco o pescado con productos típicos de la tierra. Es el caso, por ejemplo, de la langosta de caracoles, de la sopa de oca con ‘cama-sec’, del conejo con nabos o del pato con ‘mongetes’. Y para acompañar estos platos, nada mejor que los vinos de denominación de Origen Empordà-Costa Brava. Una interesante bodega la puedes encontrar en Albereda (C/ Albereda, 7. Tlf. 972 22 60 02), un elegante restaurante decorado en estilo clásico y situado en el centro histórico de la ciudad. Una buena cocina tradicional la podrás degustar en los restaurantes Cal Ros (C/ Cort Reial, 9. Tlf. 972 21 73 79) o Massana (C/ Bonastruc de Porta, 10. Tlf. 972 21 38 20), que tiene entres sus especialidades platos como las vieiras al horno o la lubina salvaje.
Si decides pasar la noche, buenas opciones son el Hotel Melià Confort Girona (Ctra. de Barcelona, 112. Tlf. 972 40 05 00), muy moderno y confortable; el Ciutat de Girona (C/ Nord, 2. Tlf. 972 48 30 38), situado junto al centro histórico de la ciudad, o el Condal (C/ Joan Maragall, 10. Tlf. 972 20 44 62), con un precio más asequible.

Visitamos la ciudad de Girona a bordo de un Hyundai i10, el benjamín de la marca coreana, que viene a sustituir al Atos. El pequeño i10, que comparte elementos mecánicos con el Kia Picanto, se sitúa como un nuevo referente en su segmento, ofreciendo una habitabilidad superior a la media, con capacidad homologada para cinco personas, aunque sólo sea para trayectos cortos. Delante se viaja con comodidad y la buena presentación ayuda a aumentar la calidad de la vida a bordo.
Por el momento, hasta la llegada en junio del diésel 1.2, sólo está disponible con el motor de gasolina 1.1 de 66 CV, pero ya se muestra razonablemente potente para los desplazamientos por ciudad (su hábitat natural) y, a pesar de que no se sitúa entre los primeros de su clase, sus consumos son discretos, con una media de 5 l/100 km. Con un precio de 9.700 euros en la versión básica Confort, no es el más barato en términos absolutos, pero ofrece un equipamiento de serie bastante completo.

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