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Mitsubishi Lancer Evolution vs. BMW 135i Cabrio vs. Subaru Impreza 2.0 R Sport: Después del purasangre
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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Jorge Silva Fotos Álex Puyol
Qué comparativa tan rara, nos ha dicho al oído un colega que prefiere preservar su anonimato. Y sí, es un encuentro raro, un cruce de caminos más bien improbable. “Así es la vida –escribe Daniel Pennac en una de sus mejores novelas–; están los conocidos y los desconocidos. Los conocidos quieren que se los reconozca, los desconocidos quisieran seguir siéndolo”.
Parecen muy distintos, ¿verdad? Pues son casi la misma cosa. Todo es según el color del cristal correspondiente. Hay, de hecho, un tipo de aficionado que podría dudar entre cualquiera de ellos. La idea de reunir estos tres modelos en un itinerario resbaladizo ha dado lugar a una desproporción entre preguntas posibles y respuestas acertadas. ¿Son los tres verdaderos atletas? Si el eje es el Mitsubishi Evolution, que ya no es un genuino EVO, lo que proponemos tiene su sentido. El BMW 135i ofrece prestaciones parecidas sin decirlo a voces. El Subaru Impreza Acrópolis tiene el aspecto que muchos aficionados reclaman, y no les importa que las prestaciones estén o no a la altura. El Impreza 2.0R Sport que aparece en las fotos tiene características análogas, aunque hoy nos habrían convenido mejor los añadidos cosméticos del Acrópolis.
Mientras Mitsubishi declara su intención de abandonar ese «nicho autodestructivo» del mercado, BMW tiene algún Serie 1 notable en prestaciones pero de apariencia discreta, y Subaru –que ha abandonado los rallys– juega con los sufijos, las referencias legendarias (Acrópolis, nada menos) y las contraseñas racing, vendiendo un producto que, sin llegar a ser un purasangre, tiende a parecerlo. Una ensalada de intenciones y medios. El BMW es el único que dice la verdad… si por decir la verdad entendemos vender un coche que no muestra al exterior todo su potencial. El Mitsubishi EVO, se llamara Lancer o Carisma, fue un fenómeno raro, tal vez en parte precursor del tuning, desde luego innovador y atrevido. Ponía en la calle las alegrías y miserias de las carreras. Unos, los defensores del tuning, se quedaron con aquellas vergüenzas mecánicas al aire, entre intercambiadores, frenos desproporcionados y alerones. Otros, menos partidarios de la exhibición, prefirieron considerar las prestaciones esenciales, «a pesar del aspecto». El EVO V fue el automóvil más rápido, en términos relativos y casi absolutos, que ningún profesional del volante haya podido conducir en carretera abierta. Este artefacto, fabuloso consumidor de gasolina, sigue vivo. Ya no se llama EVO, ni es la enésima evolución de nada, porque en Mitsubishi se han cansado del corsé y han decidido hacer un coche más convencional, más compatible con el resto. Sigue gastando enormes cantidades de combustible, pero es más discreto. Frena como un campeón y las suspensiones de aluminio siguen dando la precisión que no encontraremos en un vehículo corriente, pero ha dejado de ser un purasangre. Se enorgullece de un cambio semiautomático mediocre, más lento que un Selespeed y menos preciso que un DSG, pero acaso esto importe un comino: quienes amaron al EVO seguirán haciéndolo, y quienes llegan a él ahora encontrarán que es un automóvil magnífico.
En Mitsubishi quieren empezar desde cero: no se trata de dilapidar tan gloriosa herencia deportiva, sino de parar en seco, hacer una raya y reanudar el camino. Primer acto: presentar el Evolution en color negro. ¿Acaso porque el EVO ha muerto? En este coche podrían haberse ahorrado el esfuerzo y el coste del cambio semiautomático, porque resulta lento. La dirección está probablemente sobreasistida. Hay varios componentes de la carrocería de aluminio, pero el ahorro de peso no consigue neutralizar la entrada en escena de nuevos accesorios y equipamientos. Pero sigue siendo un coche cuyo precio merece ser puesto al margen. El maletero es casi inútil, pues está invadido por la batería, un depósito industrial de líquido lava-cristales y un altavoz gigante (¿es eso un woofer? Pues vaya con el woofer). Eso refuerza el carácter radical e incómodo (pero menos) del último Evolution, un coche que sigue cantando a pecho su procedencia e intenciones, por más que en Mitsubishi renieguen del estigma EVO («es un nicho autodestructivo», dicen) y se declaren cansados de enseñar músculo y corretear delante o detrás del Impreza y otras máquinas de rally análogas. Este Evolution corre que se las pela, frena bien siempre (ahora algo menos, será por el peso), es intuitivo y rabioso, gasta como un petrolero y está lleno de rejillas, tubos y mecanismos descuidadamente puestos bien a la vista. Ya no quiere ser una máquina aterradora y en lugar de intercambiadores a la vista lleva cromados y equipamiento de berlina para gente de bien, pero –cosa que sí se perdonaba en un EVO– la guantera no cierra bien y los materiales tienen un tacto que deja mucho que desear. ¿En qué quedamos?

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Ahi falta el focus rs que creo que estara a la altura y los barre en precio. se cren que por tener 300 cv nos pueden esprimir como idiotas.
es el descapotable pero...