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Por Madrid a bordo del Ferrari F430 Spider: Un día de furia

Autopasión nº 035

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Nuestro flamante Spider se muestra incapaz de alcanzar los 100 km/h en menos de 4 segundos. El techo tarda casi 20 segundos en desplegarse y la tecla que lo acciona está demasiado dura para una manicura recién hecha. Equipajes: los bártulos de Puyol han saturado todo el espacio disponible, por lo que es inútil tratar de comprar alguna lámpara en El Rastro, que tenemos ahí mismo, a tiro de piedra.
Hay muchas razones para no comprar un Ferrari, pero ninguna nos convence¿Lo ven? Todos son motivos para no hacerse con un F430. Por el camino nos entran ganas de comprar frenéticamente artículos de lujo, así que nos damos una vuelta por Ortega y Gasset, Ayala, Serrano, el callejón de Puigcerdá y otros parajes de la Milla de Oro madrileña. Tras una consulta rápida con nuestro director («¡ni se te ocurra!», contesta) cambiamos de opinión y de rumbo. Nada, nos vamos Castellana arriba, en busca de esa doble emulación del campanile de Pisa que hay en la Plaza de Castilla, y de esos edificios arrancados al suelo como espigas amargas de la especulación. Qué es una ciudad sin un río, aunque sean el Tíber, el Támesis o el Sena, que tampoco pedimos el Ródano ni el Po. Pues Madrid apenas tiene un río del que enorgullecerse, así que no hemos visitado el Manzanares, donde antaño era posible pasearse en barca, donde después vivieron familias enteras de ánades y por donde hoy circula sólo la desidia, con algo de agua camino de ninguna parte. Como nosotros hoy, que no vamos, ni venimos, y tan pronto como se nos termina el tiempo viajamos de nuevo a la T4 y sus sorpresas, por si una dama de mirada luminosa quisiera dejarse invitar a un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor.
No todo puede ser perfecto ni salir bien a la primera. Este Ferrari F430 Spider no es rojo, con lo que casi todos nuestros planes, nuestras expectativas y nuestro story-board han quedado descabalgados. Mejor no mirarlo por fuera, para no perder tiempo. Que lo miren los demás, mientras nosotros nos desplazamos montados en esta sinfonía portátil. Que miren también, porque es para mirarlo, el motor encapsulado bajo su tapa transparente.

Sinfonía celestial


El interior es tan cómodo y lujoso como el de todos los cavallinos rampantes Y que lo escuchen, pues Ferrari ha invertido muchos recursos en conseguir esa música celestial, que ya desde el ralentí produce tanta emoción como pocos V12. A alto régimen no hay palabras, sólo lágrimas de emoción y arrobo de violonchelista. Es muy fácil encontrar una buena postura de conducción. La distancia a la palanca de cambios no importa, porque no hay palanca. Casi todo lo que tenemos que hacer para conducir el F430 se puede hacer desde el volante, salvo frenar y acelerar. El cambio F1 es sin duda la mejor transmisión semi-automática del momento. Con el manettino, en el centro del volante, modificamos la respuesta del motor, la transmisión y la suspensión. Permite cinco modos: hielo, baja adherencia, sport, “race” y conducción extrema. Este último modo desconecta todas las ayudas electrónicas (emocionante) y ahí el conductor se queda solo con sus habilidades, frente a una máquina que no se anda con chiquitas. También (¡herejía!) se puede seleccionar el modo Auto, muy indicado para ese día en que acaban de operarnos de las dos rodillas, y también del cráneo.
El motor encapsulado y visible desde el exterior no es apto para conductores discretos Este Spider pesa más que el F430 Coupé, debido a los refuerzos estructurales necesarios, pero no hemos echado en falta el menor caballo de fuerza, ni hemos sentido la menor carencia de rigidez en el chasis. Los neumáticos son enormes, pero llegan a quedarse cortos a veces y permiten esquiar con alegría en curvas amplias. Me intrigaba la respuesta de los frenos de carbono-cerámica, pues los últimos que probé (era un coche de circuito) chirriaban como demonios y no frenaban gran cosa en frío. Los del F430 tienen un tacto magnífico, frenan de forma soberbia a cualquier temperatura y casi no hacen ruido. Es triste tener que recurrir a la M40, a sus laberintos y rotondas cercanas para experimentar un 5 por ciento de las sensaciones que un F430 puede proporcionar. Pero les digo una cosa: el F430 es uno de los coches más estables, equilibrados, sensibles y fáciles de manejar que existen. Seleccionen el modo CST y verán que fácil, lo que se dice fácil, tampoco es. Pero sí extraordinariamente rápido e intuitivo. Si quieren hilvanamos el resto de tópicos conocidos y nos quedamos todos contentos, pero no merece la pena tal cosa, y no tenemos más espacio. Si pueden permitirse alquilar uno, no dejen de hacerlo, a riesgo de que su vida les parezca algo aburrida a los pocos segundos de haberlo devuelto a su concesionario de origen.

Torciendo algunos cuellos por el casco histórico de la ciudad.

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