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VENDIMIAS ENTRE CASTILLOS
bodegas vega ribera del duero Toro  
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1. La ruta2. Sobre el viaje3. Comer y dormir4. Hyundai i30
El otoño siempre anuncia el tiempo de las vendimias que salpican los paisajes con variaciones de rojos, marrones y verdes. Por tierras de Castilla y León, entre los palacios y viñedos de Toro, el tratado de Tordesillas, y los castillos de Medina del Campo y Peñafiel, el aire huele a uva e historia.
Grandes son las ambiciones que siempre tuvo Toro. Sede real y capital de provincia, la villa medieval se levanta sobre un estratégico altozano, dominando el Duero. Su castizo nombre toma probablemente su origen en el verraco celtibérico de granito encontrado en la ciudad en el siglo X y que, hoy en día, vigila la entrada de Toro como si de Cerbero se tratase.
La época de su fundación también remontaría a la presencia de los Celtas en la meseta ibérica. A finales del siglo IX, en todo caso, fue repoblado por el infante D. García, hijo de Alfonso III el Magno, con gentes de Asturias, Vasconia y Navarra. Pero su resplandor se entiende cuándo se descubre que Toro vio nacer a reyes, acogió a familias de la Nobleza pero también fue tierra de judíos y musulmanes, de militares y religiosos. En otras palabras, un retrato fiel de la historia de España.
También tenía voz y voto en las Cortes y fue uno de los escenarios de la enemistad entre Juana de Trastámara, apodada la Beltraneja, y su tía Isabel. Juana era hija de Enrique IV y heredera del trono, aunque los rumores de la época afirmaban que siendo Enrique IV impotente, Juana era más bien hija de la reina y de su favorito Beltrán de la Cueva, de ahí el apodo. Al morir el rey, casi toda la nobleza apoyó la causa de Isabel, media hermana del rey fallecido, o sea la alianza entre las coronas de Castilla y Aragón. Juana nunca consiguió tantos partidarios como su tía e incluso se llegó a dudar del la existencia del Testamento que la nombraba heredera del trono.
La Guerra de Sucesión Castellana y la Batalla de Toro, en 1476, en particular, mancharon de sangre las tierras que hoy en día se pintan de color bermejo cuándo muere el verano y las vendimias castellanas fueron uno de los argumentos que nos condujeron hasta los pueblos de Toro, Tordesillas, Medina del Campo y Peñafiel.
Tomando Valladolid como referencia, se llega a Tordesillas y Toro por la N122-E82 y desde Tordesillas la NVI llevará al viajero hasta Medina del Campo. Para acercarse a Peñafiel, la N122 también parte de Valladolid hacia el este.
DECANTANDO SABORES
El vino de Toro siempre ha estado ligado a la historia de la villa. Alfonso IV, Pedro I y Juan II acordaron varios privilegios al pueblo y consiguieron que se vendiera el fruto de sus viñas en ferias como la de Medina del Campo o Sevilla. Incluso los peregrinos del Camino de Santiago lo bebían por su alto valor energético. Cuenta la leyenda que Fray Diego de Deza, confesor de la reina Isabel la Católica y amigo de Colón, bautizó a una de sus carabelas con el nombre de la Pinta, en honor al vino de su tierra toresana.
Hace más de veinte años, tras décadas en el olvido, que viticultores y empanadas de carne, atún o frutas que dejan paso a tabernas reconstituidas que proponen copas de vino y limonada con una elección complicada: ¿pinchos morunos, tablas de embutidos, ración de callos o choricitos con pan? Además del mercado medieval, no se debe perder la oportunidad de visitar el pueblo y sus alrededores. El Alcázar puede ser el punto de partida del paseo.
Este edificio, que se eleva a unos cien metros sobre el nivel del Duero, data del siglo X y formó parte del primer recinto amurallado, siendo construido por impulso del Infante D. García. Sólo han subsistido sus muros exteriores pero en sus entrañas murió Don Juan el Tuerto y fue el último refugio de Juana la Beltraneja. Sobre la antigua Puerta del Mercado, en el primer recinto amurallado, espera contando las horas y los minutos el Arco del reloj. Se trata de una torre barroca del siglo XVIII y dicen que su mortero se amasó con vino porque abundaba más que el agua en la ciudad.
Perdiéndose por las calles del pueblo, el visitante se encontrará con una multitud de palacios como el de Las Leyes, palacio de la corona castellana que vio como Juana la Loca devenía reina y que asistió al nacimiento de las 83 Leyes que llevan el nombre del pueblo. El Palacio de los Condes de Requena, una suntuosa mansión de finales del siglo XV, el Palacio Bustamante, el Palacio de los Marqueses de Alcañices o el de Valparaíso son algunos de los lugares que destilan historia.
La plaza de toros es una de las más antiguas de España y será restaurada próximamente. Merece la pena acercarse hasta la Colegiata de Santa María la Mayor, que remonta al siglo XII, y hasta las pequeñas iglesias del pueblo, todas ellas edificios Mudéjar, arte que fusiona la tradición artística cristiana con la musulmana. Antes de partir, un último paseo hacia el puente que data del siglo XII y que se asienta sobre un puente romano anterior servirá de despedida.
EL TRATADO Y LA REINA LOCA
A menos de cuarenta kilómetros de Toro, Tordesillas suspira tranquilamente a orillas del Duero, a 707 metros sobre el nivel del mar y alcanza su máximo esplendor al atardecer, cuando el sol inunda las Casas del Tratado y los cuernos de un toro no tan antiguo como el de Toro pero igual de bravo. El emplazamiento privilegiado del pueblo actual se debe a las exigencias de la época romana y fue la construcción del puente sobre el río en la Edad Media que le abrió las puertas al auge de su economía y del desarrollo social.
Su momento estelar tuvo lugar en junio de 1494, cuando se firmó el famoso Tratado de Tordesillas entre Isabel y Fernando, reyes de Castilla y Aragón, y Juan II, rey de Portugal. El Tratado estableció un reparto de las zonas de conquista y anexión del nuevo mundo gracias a una línea divisoria del Océano Atlántico y de los territorios adyacentes, ya descubiertos o por descubrir. Pero este tratado significó sobre todo la voluntad de mantener la paz entre reinos hermanos, ante un momento histórico único para la Península.
Actualmente se puede visitar el Museo de las Casas del Tratado donde están expuestas réplicas de las carabelas de Colón, un facsímile del tratado y diversos mapas y objetos de la época. Tordesillas también fue el refugio durante 46 años, y hasta su muerte, de Juana I de Castilla, la pobre reina locamente enamorada de su marido Felipe “El Hermoso” pero desdeñada y manipulada por su entorno.
El Real Monasterio de Santa Clara es una de las paradas obligatorias. Este antiguo palacio fue construido por Alfonso XI hacia el años 1340 y continuado por su hijo Pedro I. Sus dependencias son de estilo mudéjar, y para su construcción se hizo venir a artistas de Toledo. En torno al convento, se podrá visitar varias iglesias del siglo XVI y XVII, como la Iglesia de Santa María o la de San Pedro.
Pero es el corazón del pueblo, su Plaza Mayor, la que mejor cuenta las historias de Tordesillas. Su estructura plasma a la perfección las plazas castellanas de antaño: planta cuadrada rodeada de soportales, con grandes ventanas, miradores y balconadas para contemplar los espectáculos públicos. La plaza data del siglo XVI pero fue reformada durante el siglo XIX. Tras tomarse un refresco en sus terrazas se podrá salir de la villa por su puente y conducir hacia el sur, para conocer Medina del Campo.
TIERRAS DE CASTILLOS Y FERIAS
La loma de la Mota ha soportado el precio de la presencia humana desde hace más de 2.500 años. Algunos vestigios férricos y cerámicos de la Edad del Hierro son las huellas más importante dejadas por el hombre primitivo. Tras la estancia de los romanos y de los árabes, que la bautizaron como “Medina”, fue repoblada por orden de Alfonso VI y amurallada en la margen derecha del Zapardiel, donde hoy se alza el castillo de La Mota, que se puede visitar con guía varias veces al día.
Sus bellas calles acogieron múltiples mercados y enólogos de la zona volvieron a creer en se transformaron en una plaza comercial y financiera de primer orden durante las Ferias Generales del Reino, hasta que la Corte se trasladó a Madrid en 1606. La villa cayó en el olvido desde el siglo XVII hasta el XIX, cuándo llegó el ferrocarril a la ciudad. Todavía hoy se puede observar como se mezclan las huellas de su pasado más glorioso y las de los siglos de indiferencia hacia uno de los pueblos castellanos más importantes que se vistió con los colores de la realeza.
Además del Castillo de La Mota, a las afueras del núcleo urbano antiguo, la curiosidad se dará por satisfecha tras visitar las reales Carnicerías, que aún hoy acogen un mercado los martes, miércoles, viernes, sábados y domingos. El edificio se levantó en tiempos de Felipe II y apenas se conservan otros ejemplares con tipología y estructura similar en España. Palacios, conventos y museos obligaran a los más curiosos a permanece un día más por esta ciudad, obligación placentera, dicho sea todo.
Para los que no gocen de mucho tiempo, una visita fundamental es la de la Fundación Museo de Las Ferias que contiene la mayor muestra temática sobre las Ferias que existe en España. Refleja con lujo de detalles la influencia de las actividades comerciales en la economía, la cultura y el arte de la sociedad de los siglos XV y XVI.
De nuevo tras el volante, recorremos la distancia que nos separa de Peñafiel bordeando una de las regiones vinícolas más bellas, la Ribera del Duero. Entre otras maravillas, las viñas Vega Sicilia yacen entre niebla y sol pero es una pena no poder visitar su famosa y exclusiva bodega. Parar en tierras de la “peña más fiel” del reino será recompensada por una visita inolvidable al Castillo que alberga un magnífico museo del vino para amantes o principiantes del arte de la viña.
El origen del pueblo remonta a la prehistoria pero fue durante la Reconquista que se asentó su núcleo urbano. A principios del siglo X, Penna Fidele se erguía como plaza fuerte frente al Islam. Tras ser frontera del Condado de Castilla con Sancho Garciá, fue morada de reyes y nobles. Pero Don Juan Manuel, autor de “El Conde Lucanor” fue quién le dio sus letras de nobleza. Las raíces históricas del marquesado de Peñafiel nacen en las profundidades de la historia de Castilla y esta ruta es un pequeño intento de descubrir unas tierras castizas y acogedoras, que esperan a los viajeros sedientos de Historia.
Uno no puede visitar Toro o Peñafiel y la región de Ribera del Duero sin probar sus vinos, si se es pasajero, o sin comprar unas cuantas botellas, si se es el conductor. En Toro, los paladares podrán disfrutar con los vinos de la Bodega Hijos de Antonio Barcelo, de la Cooperativa Vino de Toro o de la Bodega Sobreño. Los aficionados también podrán decantarse por los Ribera del Duero, que encontrará en Peñafiel o a lo largo de la N122, como los vinos Protos, Tinto Pesquera, Señorío de Nava o los exclusivos Vega Sicilia.
Castilla y León también propone una gastronomía propia muy rica, desde el cochinillo asado a las costillas de lechazo, acompañados a menudo por deliciosas mezclas de setas. La Casa Aceves y Los Bocoyes son buenas elecciones en Toro y el Horno de Asar Los Duques en Tordesillas. En Medina del Campo el Continental 1904 y Mohino Taberna son dos opciones interesantes para degustar cocina castellana casera. En Peñafiel, El Bodegón de Mario o Asados Alonso también harán felices a los paladares de los viajeros más golosos.
El hotel Maria de Molina y Juan II acogerán con gusto al que decida dormir en Toro. En Tordesillas, el Montico o el Parador ofrecen un decorado y vistas espectaculares de la zona. El hotel Villa de Ferias es el más auténtico de Medina del Campo y el Hotel Ribera del Duero o el hotel Convento de Las Claras los más acogedores de Peñafiel.
Recorrimos Castilla y León a bordo del Hyundai i30 1.6 de gasolina y 122CV. Este vehículo ofrece una conducción enérgica y divertida con comodidad, su habitáculo es amplio y práctico, los detalles y acabados muy logrados. Su suspensión es confortable, el habitáculo está bien aislado acústicamente y el manejo de los mandos relacionados con la conducción es muysimple.
Este vehículo es estable y seguro en todo tipo de carreteras, aunque prefiere las carreteras extraurbanas, y el control de estabilidad forma parte del equipo de serie en todas las versiones. Su consumo medio es un poco elevado, 6,2 litros por 100 kilómetros. El consumo extraurbano es el más elevado en la práctica. En el interior, los ocupantes traseros disfrutaran del espacio gracias a la batalla de 2,65m, un resultado superior al de sus rivales como el Ford Focus o el Volkswagen Golf. El precio del vehículo es muy competitivo y la marca ha logrado muy buenos resultados en varios informes, como JDPower, en cuanto a fiabilidad.
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